La Nueva Evangelización Capitulo 146
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V Domingo Ordinario Lectura del Día 9 febrero del 2025. Primera lectura Su
gloria llena toda la tierra”. Temblaban las puertas al clamor de su voz y el
templo se llenaba de humo. Entonces exclamé: “¡Ay de mí!, estoy perdido, porque
soy un hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios
impuros, porque he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.
Después voló hacia mí uno de
los serafines. Llevaba en la mano una braza, que había tomado del altar con
unas tenazas. Con la braza me tocó la boca, diciéndome: “Mira: Esto ha tocado
tus labios Tu iniquidad ha sido quitada Y
tus pecados están perdonados”. Escuché entonces la voz del Señor que decía:
“¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy,
Señor, envíame”. PRIMERA REFLEXION. Este pasaje bíblico es un recordatorio de todo lo
que la humanidad ha dejado de vivir por sus errores y pecados, el pueblo de
Dios dejo de servirle a Dios para servirle a dioses que no escuchaban sus
clamores porque eran dioses inertes, Isaías nos escribe este pasaje, en el Dios perdona
sus pecados pero a la vez pregunta quien enviare y el respondió yo estoy aquí
señor envíame a mí. Estos Ángeles cantaban santo, santo, santo es el señor
Dios de los ejércitos. Pero antes el profeta Isaías exclama ay de mí porque
soy hombre de labios impuros, cuantos de nosotros estamos perdidos porque no
confiamos en Dios para el perdón de nuestros pecados y esto nos hace vulnerables
a seguir pecando por no confiar en nuestro señor. Debemos confiar en Dios y tener
fe que el perdona nuestros pecados, nuestras debilidades y entregándonos
fielmente. Ozías era un rey de Israel que en sus principios era bueno y
estaba ante los ojos de Dios pero este rey después se lleno de orgullo y
prepotencia y mancho el altar de Dios que solo estaba para los sacerdotes
levitas y Dios lo castigo con lepra en
su cuerpo y murió aislado del pueblo de Israel. Muchas veces nosotros
cometemos actos indignos ante los ojos de Dios y terminamos con enfermedades
causadas por nuestros pecados pero le echamos la culpa a Dios como si nos hubiera
dicho anda ve y comete ese pecado, Dios no tiene que ver con nuestros errores
somos nosotros los culpables de nuestras acciones. Segunda lectura 1 Corintios 15, 1-11 Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumple tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano. Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles. Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído. |
Lectura de la primera
carta del Apóstol San Pablo a los Corintios SEGUNDA REFLEXION: Esta
carta del apóstol Pablo a los Corintios es un llamado de atención para seguir
la doctrina de Cristo al pie de la letra sin perdernos del camino, hermanos
todos estamos llamados hacer parte de la Iglesia de Cristo y de su
cuerpo para así estar en el como el en
nosotros. El evangelio de Cristo es el camino para conocerlo a él y por medio
del evangelio encontrar la salvación ya que en él está escrito todo lo
debemos saber. Evangelio del Día Lectura del santo Evangelio según San Lucas Lucas 5, 1-11 En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago
de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de
Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores
habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las
barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en
la barca, enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
“Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó:
“Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero,
confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal
cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus
compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos.
Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver
esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí,
Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban
llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba
a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces
Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”.
Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. TERCERA REFLEXION: Cristo
siempre está dado para nosotros pero como Simón Pedro estamos llenos de
pecados y tenemos miedo de acercarnos a Dios, el llamado de Cristo es
imperativo, ven y sígueme y ellos dejaron todo y lo siguieron, es este mismo llamado
que nos hace hoy nuestro señor que lo sigamos porque tenemos las puertas abiertas
para entrar en su reino. Que esperamos para buscar un ser que dio su vida
para salvar la nuestra, que nos muestra su amor de esa manera tan grande que
es difícil para un ser humanos comprender simplemente porque estamos llenos
de orgullo, soberbia, prepotencia y arrogancia y esto no nos deja comprender
la grandeza de nuestro señor de entregar su vida por la nuestra. |
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