La Nueva Evangelización Capitulo 57
Fecha 01/02/2022
LECTURA
DEL DÍA
Lectura del segundo libro de Samuel 18, 9-10. 14. 24-25. 30–19, 3
En aquellos días, después de haber sido derrotado
por los hombres de David, Absalón, su hijo, se dio a la fuga. Iba montado en
una mula, y al meterse la mula bajo las ramas de una frondosa encina, a Absalón
se le atoró la cabeza entre las ramas y se quedó colgando en el aire y la mula
siguió corriendo. Uno de los soldados lo vio y le fue a avisar a Joab: “Acabo
de ver a Absalón colgando de una encina”. Joab se acercó a donde estaba
Absalón, tomó tres flechas en la mano y se las clavó en el corazón. Mientras tanto, David estaba en Jerusalén, sentado a la puerta de la ciudad. El
centinela, instalado en el mirador que está encima de la puerta de la muralla,
levantó la vista y vio que un hombre venía corriendo solo. Le gritó al rey para
avisarle. El rey le contestó: “Si viene solo, es señal de que trae buenas
noticias. Déjalo pasar. Tú, quédate ahí”. El centinela lo dejó pasar y
permaneció en su puesto. El hombre que venía corriendo, que era un etíope,
llegó a donde estaba David y le dijo: “Le traigo buenas noticias a mi señor, el
rey. Dios te ha hecho justicia hoy, librándote de los que se habían rebelado
contra ti”. El rey le preguntó: “Pero, mi hijo Absalón, ¿está bien?” Respondió
el etíope: “Que acaben como él todos tus enemigos y todos los que se rebelen contra
mi señor, el rey”. Entonces el rey se estremeció. Subió al mirador que está
encima de la puerta de la ciudad y rompió a llorar, diciendo: “Hijo mío,
Absalón; hijo, hijo mío, Absalón. Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón,
hijo mío”. Le avisaron entonces a Joab que el rey estaba inconsolable por la
muerte de Absalón. Por eso, aquella victoria se convirtió en día de duelo para
todo el ejército, cuando se enteraron de que el rey estaba inconsolable por la
muerte de su hijo. Por ello, las tropas entraron a la ciudad furtivamente, como
entra avergonzado un ejército que ha huido de la batalla.
PRIMERA REFLEXION:
Lectura del segundo
libro de Samuel 18, 9-10. 14. 24-25. 30–19, 3
Esta lectura da una
enseñanza de obediencia hacia los padres que como hijos debemos de hacer y
cumplir, cuando no hacemos la voluntad de Dios lo que ocurre en nuestras vidas
es desastres y dolores de cabeza y la consiguiente lejanía de un Dios que nos
ama y que quiere lo mejor para nosotros. David tenía una deuda que saldar con
Dios por eso la espada no se alejaría de El esto demuestra que todo lo que hacemos
mal se paga, lo que hizo con Urías, ¿si Dios nos ama porque no hacemos su voluntad?
Sencillamente queremos ser libres para hacer lo que nos brinda el mundo y no lo
que quiere Dios para nosotros tener una vida en Cristo, si nos vemos en un
espejo y viéramos transcurrir en ese espejo toda nuestra existencia ¿que viéramos
en ello? todos nuestros pecados nos preguntáramos si tendríamos derecho al perdón
de Dios, porque en realidad no hacemos su voluntad. Vivimos como queremos no
como Dios quiere y hacemos nuestra voluntad es por eso que nuestra salvación no
es por mérito es por la gracia de Dios.
HAGAMOS LA VOLUNTAD DE DIOS.
EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio
según Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca
al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente.
Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a
Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: “Mi hija está
agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”. Jesús se fue
con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba. Entre la gente había una mujer
que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos
de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar,
había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la
gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se
curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su
cuerpo que estaba curada. Jesús notó al instante que una fuerza curativa había
salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: “¿Quién ha tocado mi
manto?” Sus discípulos le contestaron: “Estás viendo cómo te empuja la gente y
todavía preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’ ” Pero él seguía mirando alrededor, para
descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa,
al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad.
Jesús la tranquilizó, diciendo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda
sana de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados
llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: “Ya se murió tu
hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que
hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que tengas fe”. No
permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de
Santiago. Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de
la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: “¿Qué
significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida”. Y se
reían de él. Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña
y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo:
“¡Talitá, kum!”, que significa: “¡Óyeme, niña, levántate!” La niña, que tenía
doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron
asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó
que le dieran de comer a la niña.
SEGUNDA REFLEXION:
EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio
según Marcos 5, 21-43
En esta lectura tenemos dos
personajes importantes: La mujer que sufre de flujo durante doce años y la niña
de doce años que muere por una enfermedad. La fe es importante en la vida del
ser humano para ver las enseñanzas de Cristo y sus curaciones en personas que Vivian
atormentadas por enfermedades y por espíritus malignos, y esto todavía puede
ocurrir cuando la fe que tenemos es grande que supera toda expectativa, la
mujer tenía la firme convicción que se curaría
tocando el manto de nuestro señor Jesucristo y como tal resulto y ella se curó
nosotros también podemos ser curados de nuestras dolencias espirituales y materiales
si tenemos esa fe de la mujer y de Jairo el padre de la niña. Pero vivimos
nuestra existencia a nuestro acomodo porque ese Dios nos pone unas condiciones
que para nosotros es imposible cumplir y preferimos seguir nuestro destino a
nuestro gusto sin saber que podemos condenarnos. HAGAMOS
LA VOLUNTAD DE DIOS.
Comentarios
Publicar un comentario